(Nuclear Winter Records, 2025)

Con más de tres décadas de actividad, Drawn and Quartered siguen siendo uno de los nombres más fiables del death metal estadounidense. Formados en Seattle a mediados de los 90 como una derivación de Plague Bearer, el proyecto liderado por Kelly Shane Kuciemba nunca ha mostrado interés en adaptarse a modas ni en suavizar su propuesta. Lord of Two Horns, su noveno álbum, reafirma esa postura con una descarga directa a la yugular, fiel a los cimientos del USDM clásico.
El disco ofrece ocho temas en poco más de media hora, un formato que Drawn and Quartered manejan con soltura desde hace años. Aquí el énfasis está puesto en la velocidad sostenida, el ataque y una atmósfera asfixiante, donde los riffs densos y disonantes se encadenan con un sentido casi marcial. La influencia del death metal norteamericano de principios de los 90 es evidente, con guiños claros a escuelas como Morbid Angel, Incantation o Immolation pero siempre filtradas a través de un lenguaje propio.
Desde el inicio, el álbum se presenta sin rodeos, apostando por un ritmo agresivo y constante que apenas concede respiro. La batería empuja con decisión, mientras las guitarras construyen un entramado de riffs retorcidos, donde las armonías disonantes juegan un rol clave en la creación de ese clima enfermizo. El uso de solos, aunque nunca protagonista, aporta matices sin romper la inercia destructiva.
La producción, a cargo de Loïc Fontaine (Krucyator Productions), mantiene un equilibrio crudo pero definido: las guitarras dominan el espectro, las voces surgen desde registros profundos, y la batería, creo que se quedo un poco atras, pero cumple su función como motor constante del caos. El resultado es un sonido sin artificios modernos, coherente con la estética que Drawn and Quartered ha defendido durante toda su carrera.
Lord of Two Horns entrega death metal en estado puro anclado en una tradición bien entendida y ejecutado con la convicción que siempre respetamos de una banda que sabe exactamente quién es. Para seguidores de largo aliento, el disco se siente como una extensión natural de su discografía. Una prueba más de que Drawn and Quartered siguen firmes, afilados y absolutamente comprometidos con su visión destructiva.
