AFSKY – Om Hundrede År

Om Hundrede År no se impone al oyente, se filtra lentamente. Desde los primeros acordes acústicos de Stormfulde hav, Afsky establece un clima de recogimiento que no busca grandilocuencia ni shock inmediato, sino una inmersión progresiva en un estado emocional profundamente humano. El álbum se despliega como un tránsito íntimo, más cercano a la contemplación que a la confrontación, y ahí reside gran parte de su fuerza.

A lo largo de sus seis composiciones y poco más de cuarenta minutos, el proyecto liderado por Ole Pedersen Luk articula un black metal melancólico, expansivo y contenido, donde las melodías largas y cíclicas sustituyen al riff tradicional. No hay urgencia ni necesidad de demostrar nada. Cada tema se desarrolla con paciencia, permitiendo que pequeños cambios armónicos y dinámicos vayan modificando el paisaje sonoro casi de manera imperceptible.

Las guitarras construyen un muro atmosférico sostenido por un uso constante del tremolo, pero lejos de resultar monótono, este enfoque genera una sensación hipnótica que atrapa con cada escucha. La producción es clara y espaciosa, lo suficiente para que cada capa se mueva, sin perder el carácter áspero que define al estilo. El bajo se percibe con nitidez y aporta cuerpo, mientras la batería, deliberadamente sencilla, cumple un rol funcional que refuerza el peso emocional del conjunto.

En Frosne vind, uno de los momentos más intensos del disco, la música alcanza una profundidad emocional difícil de ignorar. La voz de Luk, aguda y desgarrada, transmite una vulnerabilidad que rara vez se escucha con tanta honestidad. No hay teatralidad ni poses. El lamento suena genuino, casi incómodo, como si se tratara de una confesión que no estaba destinada a ser escuchada.

Aunque las letras no siempre están disponibles, el concepto del álbum se percibe con claridad. Om Hundrede År gira en torno al paso del tiempo, la despedida y la aceptación de la mortalidad. Canciones como Tak for alt y Det der var refuerzan esta sensación de cierre, de mirar atrás con una mezcla de gratitud, tristeza y resignación. Incluso cuando aparecen pasajes acústicos o más luminosos, estos no funcionan como alivio, sino como una forma distinta de expresar la misma melancolía.

TId destaca como uno de los puntos más memorables del álbum. Su introducción, con un aire casi ritual, da paso a una progresión envolvente donde voz y batería se entrelazan de forma particularmente efectiva. Es un tema que sintetiza bien el espíritu del disco: sobrio, emocional y persistente.

Afsky no busca competir en términos de extremidad. Su propuesta es introspectiva, personal y coherente, y eso la hace especialmente poderosa. Om Hundrede År es no es música para el impacto inmediato, sino para volver a ella cuando el silencio pesa más de lo habitual.

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